Pope Benedict’s Holy Land pilgrimage

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Claudette Habesch, Secretary General of Caritas Jerusalem

As a member of the Mother Church, I welcome the visit of the Holy Father to the Holy Land. His pilgrimage is reason for us to hope and to be optimistic and it carries with it a lot of meaning and a special message.

His visit comes in the context of the War on Gaza, and ongoing political instability. The future of the people of this land is very unclear and peace does not seem to be closer to becoming a reality sometime soon. I am sure that to see the people of this land live in suffering and hurt tinged with injustice, intolerance and the inability to solve the conflict that has reaped too many innocent victims is unacceptable. This makes this pilgrimage carry a lot of profound meaning, especially with all the controversy surrounding it, and considering the challenging political and social situation in the Holy Land.

In his Angelus on Sunday 8th March, the Holy Father officially announced his pilgrimage to the Holy Land to ask God for the precious gift of unity and peace for the Middle East and for all humanity.

The importance of the visit comes from the encounter of the Mother Church with all the churches in the Holy Land, and their needs to survive and prosper in these dire conditions. Through the visits of the holy sites and monuments of our faith, the Holy Father will also encounter the living stones of this land who, despite all the difficulties, chose to stay, and continue to live as witnesses to the Gospel. To those, the strongest of words and the strongest of messages should be addressed.

Expectations – but reasonable ones

We need to hear words of support and hope during these difficult times. Yes, a message of hope, based on justice to all the people of the land, Christians, Muslims and Jews. There can never be hope with injustice, oppression, and constant violation of basic human rights. If our rights can not be guaranteed by conventions and laws, then they must be guaranteed by the law of God who created us all equal.

The Palestinian people have been living under Israeli occupation since 1967 in contravention of international law, UN resolutions and the 4th Geneva Convention.
We continue to struggle for existence in our rightful homeland. But alone, without support and without justice, we cannot build a Palestinian State that co-exists in peace with our neighbors.

We need to hear a message to the young Palestinian Christians who are our future, to encourage them to stay steadfast in their homeland, and to feel privileged that they are members of the Mother Church and the living stones of this land. Let them know that the Universal Church has not forgotten them. This is of importance especially that the young feel vulnerable and are tempted to emigrate to countries where religious and personal freedom is respected and upheld.

Simple values such as the dignity of the human being and a guarantee of religious freedom are trampled upon on a daily basis. As recently as this year’s celebrations of the Orthodox Holy Saturday, Palestinian Christians were not allowed entry by Israeli police and soldiers into the Old City of Jerusalem, nor into the Church of the Holy Sepulchre to take part in age-long religious and cultural traditions.

Such injustices as well as others have to be stopped. Oppressors have to know that they are accountable for their actions. An appeal should be made to those who seek true justice and peace to work together for a future built on mutual respect and tolerance. Let us, together, return the sanctity of the Holy Land.



Mensaje de Claudette Habesch

Como miembro de la Madre Iglesia, doy la bienvenida al Santo Padre en Tierra Santa. Su peregrinación, que es motivo de esperanza y optimismo, es muy significativa y conlleva un mensaje especial.

Su visita tiene lugar en el contexto de la guerra en Gaza y la constante inestabilidad política. El futuro de la población de esta tierra es poco claro y la paz no parece ser inminente, ni que pueda convertirse en realidad, un día cercano. Nos resulta inaceptable ver a la gente de esta tierra vivir en el sufrimiento, injustamente herida, intolerante e incapaz de resolver un conflicto, que ya se ha cobrado demasiadas víctimas inocentes. Todo ello hace que esta peregrinación esté cargada de un significado profundo, sobre todo por la controversia que la rodea, esa situación desafiante, desde un punto de vista político y social, que vive Tierra Santa.

Durante el Angelus del pasado domingo 8 de marzo, el Santo Padre anunció oficialmente su peregrinación a Tierra Santa, pidiendo al Señor los valiosos dones de la unidad y la paz, para Oriente Próximo y toda la humnidad.

La relevancia de esta visita deriva del encuentro de la realidad de la Madre Iglesia, con todas las religiones que conviven en Tierra Santa, y sus necesidades de sobrevivir y prosperar en estas duras circunstancias. Visitando los lugares y monumentos de nuestra fe, el Santo Padre conocerá también esas piedras vivientes de esta tierra, que no obstante todas las dificultades, eligieron quedarse, para seguir viviendo como testimonios del Evangelio. A esas personas, habría que dirigir las palabras más fuertes, el mensaje más directo.

Sí, tenemos expectativas, pero son razonables

Necesitamos oír palabras de ánimo y esperanza, en estos momentos dificiles. Sí, un mensaje de esperanza, basado en la justicia para toda la gente de esta tierra: cristianos, musulmanes y judíos. Nunca habrá esperanza en la injusticia y la opresión, con continuas violaciones de los derechos humanos. Si nuestros derechos no pueden ser garantizados, mediante convenciones y leyes, entonces tienen que ser garantizados por la ley de Dios, que nos creo a todos iguales.

El pueblo palestino vive bajo la ocupación israelí desde 1967, violando el derecho internacional, las resoluciones de la ONU y la 4ª Convención de Ginebra.
Seguimos luchando por la existencia, en nuestra legítima tierra natal. Sin embargo, sin un apoyo y sin justica, no podremos construir un Estado palestino, que coexista en paz con sus vecinos.

Necesitamos oír un mensaje para los jóvenes cristianos palestinos, que son nuestro futuro, que les anime a quedarse, con determinación, en su tierra y a sentirse privilegiados, por ser miembros de la Madre Iglesia y piedras vivientes de esta tierra. Ellos deben saber que la Iglesia Universal no les ha olvidado. Es importante, especialmente porque los jóvenes se sienten vulnerables y sienten la tentación de emigrar, a países que respeten y fomenten la libertad religiosa y personal.

Valores esenciales, como la dignidad humana y la garantía de la libertad religiosa, aquí son pisoteados cotidianamente. Como pasó últimanente, durante la celebración ortodoxa del Sábado Santo, la policía israelí y el Ejército no permitieron a los palestinos cristianos entrar en el casco antiguo de Jerusalén, ni participar, en la Basílica del Santo Sepulcro, en la tradicionales celebraciones religiosas y culturales.

Hay que poner fin a este tipo de injustica, así como a otros. Los opresores deben saber que tendrán que rendir cuenta de su acciones. Es necesario hacer un llamamiento a aquellos que buscan la verdadera justicia y la paz, para trabajar juntos por un futuro, que se construya en el respeto mutuo y la tolerancia. Para que juntos podamos hacer retornar la Santidad a Tierra Santa.

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Filed under Advocacy, Catholic Teaching, Conflicts and Disasters, Emergencies in the Philippines, Jerusalem, Middle East & North Africa, Peacebuilding

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