Cancun: Es necesario un cambio en el paradigma económico

Martin Largo, Caritas Espana

Martin Lago

El Cambio Climático supone uno de los mayores retos que va a asumir la humanidad en el siglo XXI, pues tiene impactos en la producción de alimentos y materias primas, salud, migraciones, acceso al agua, nivel del mar, biodiversidad, desastres naturales, y en definitiva la habitabilidad de la tierra.

El cambio climático se produce por la acumulación de gases de efecto invernadero en la atmósfera, que provocan un calentamiento excesivo y un desequilibrio en el funcionamiento de los ecosistemas. Tres cuartas partes de estos gases han sido emitidos por los países desarrollados, que acumulan solamente un 15% de la población mundial. Por ello, los países ricos tienen la obligación moral de hacer los mayores esfuerzos por remediar el problema.

La cumbre celebrada en 2009 en Copenhague no supuso un avance significativo en la lucha contra el cambio climático. Se llegó a un acuerdo débil basado en reducciones voluntarias, y con un financiamiento basado principalmente en los mercados de carbono y el Banco Mundial. Este acuerdo fue defendido por las potencias más contaminantes y supone un acuerdo de mínimos inadecuado al problema que enfrentamos.

El acuerdo climático si quiere ser efectivo debe contener los siguientes elementos:
1. Una reducción de la emisiones de al menos un 40% respecto a los niveles de 1990. Esta reducción debe alcanzarse en los países desarrollados, como consecuencia de un cambio estructural en el modelo productivo y estilo de vida.
2. Un mecanismo financiero sujeto a la autoridad de Naciones Unidas que aporte fondos para la adaptación en países en vías de desarrollo y para la mitigación del cambio climático. Estos fondos deben ser públicos y provenir de los países desarrollados.
3. El rechazo de medidas engañosas que no contribuyan a un descenso neto de las emisiones a nivel mundial. Las hemos detectado en torno al mercado de créditos de carbono y mecanismos de desarrollo limpio.
4. La incorporación de criterios de moralidad y ética que nos lleven a la aceptación de la deuda ecológica por parte de los países desarrollados, a abandonar prácticas de explotación sobre los más vulnerables, a un consumo responsable y a garantizar un mundo habitable a las generaciones futuras.

En las negociaciones de Bali en 2007, todos los países convinieron un proceso de 2 años a desarrollarse en 2 vías diferenciadas: la vía del protocolo de Kyoto y la vía de la Convención Marco sobre Cambio Climático. Las negociaciones se separaron porque una serie de países ya habían asumido compromisos en el Protocolo de Kyoto y otros no habían asumido ningún compromiso en limitar sus emisiones de gases contaminantes. Ambas vías debían converger en el acuerdo de Copenhague y el resultado como hemos dicho fue decepcionante, ya que se alcanzó un acuerdo de mínimos.

El Protocolo de Kyoto ha obligado a los países que lo firmaron a reducir sus emisiones hasta el 2012, y es necesario un segundo período de compromiso que se está negociando en este momento. Muchos países desarrollados se muestran reacios a establecer ellos mismos metas de reducción consecuentes con lo que la ciencia exige. Lo peor de todo es que algunos, como Japón, están amenazando con abandonar los compromisos asumidos a través de la vía de Kyoto y unirse a Estados Unidos en su deseo de fijar solo metas voluntarias abandonando el sistema actual de sanciones. Sin embargo, Estados Unidos acordó en 2007 conforme a la vía de la Convención, igualar los esfuerzos en materia de reducción de otros países desarrollados. Es necesario reiterar esto y hacer que EEUU, Japón, Canadá, Australia, Rusia y otros países desarrollados cumplan sus obligaciones legales.

Muchas organizaciones están previendo que será necesario otro año de negociaciones antes de que se pueda llegar a un acuerdo sobre cambio climático. Sin embargo, en Cancún es imperativo acordar un segundo período de compromiso del Protocolo de Kyoto. Si no se fijan metas adecuadas para un segundo período del Protocolo de Kyoto, en 2012 concluirán los compromisos y se retrocedería literalmente en las medidas necesarias para frenar en cambio climático.

Es necesario un cambio en el paradigma económico: debemos realizar el tránsito hacia la economía verde, que no contamina. Esto supone una transformación total en la forma en que obtenemos energía y nuestro modo de utilizarla. Se estima además que este cambio generaría millones de empleos en investigación, en el reemplazo de toda la industria energética, en la agricultura, en el transporte, etc.

Hay autores que comparan este paso con la abolición de la esclavitud a comienzos del siglo XIX. En aquel momento, los que se oponían a la abolición argumentaban que la economía basada en una fuerza de trabajo gratuita, no resistiría el cambio y entraríamos en una recesión mundial. Finalmente los criterios éticos abolicionistas se impusieron y apareció una nueva clase de trabajadores que catalizaron la revolución industrial. De la misma manera, la iglesia está aportando criterios éticos que apuntan a que la crisis climática es una cuestión de justicia. Vivimos en un modelo de explotación injusto del rico sobre el pobre, alimentado por una industria extractiva y contaminante que destruye el patrimonio natural, y finalmente son los pobres los que sufren las peores consecuencias del cambio climático: tormentas, sequías, enfermedades, hambrunas, y migración forzosa.

El Consejo Mundial de Iglesias, con presencia en la cumbre, expuso ante la audiencia lo que desde el punto de vista de cristianos y musulmanes es una cuestión de justicia: los pobres no deben pagar el precio de la crisis climática. El evento supuso una oportunidad para musulmanes y distintas confesiones cristianas para compartir sus perspectivas teológicas y explorar formas de acción conjunta. Uno de los elementos comunes fue que es necesario incorporar una dimensión ética en las políticas climáticas.

Estamos trabajando por un cambio profundo, que nos haga más humanos, que nos lleve a un modo de vida en armonía con la creación, que nos aparte de lo artificial y nos acerque más unos a otros. Afortunadamente no estamos solos, cada vez son más las voces que desde las iglesias, desde las organizaciones campesinas, desde muchos gobiernos y desde la sociedad civil reclaman un cambio. Pedimos algo muy simple: un cambio que nos permita alcanzar la paz.

Martín Lago

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Filed under Advocacy, Climate Change, Development, Español, Food, High-Level Meetings and Events, Latin America, Mexico

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